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FRANCISCO QUINTANAR:"DOCUMENTALISTA"
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El album de
 ALBUM DE LA BOLA
1- DISCOS
2- LIBROS
ALBUM DE LA BOLA 1
3- FOTOMONTAJES
 ALBUM DE LA BOLA 2
 ALBUM DE LA BOLA 3
7-MUNDO BOLA (CONT.)
RECUERDOS DEL EQUIPO DE PRODUCCIÓN (*)

- “Te llamo porque Lolo está escribiendo un libro sobre La Bola de Cristal y ha pedido una colaboración del equipo de producción. ¿Por qué no aprovechamos,  quedamos todos para comer
y así nos vemos?”  - “¿La comida la paga Lolo? ¿No? ¿Pero ella cobra por el libro?”

              En 1985, nosotros formábamos un equipo de producción que solía trabajar junto: Carlos Rapallo y sus ayudantes.
 Un día estábamos comiendo y le llamaron por teléfono. Cuando volvió a la mesa dijo: “Estamos en La Bola de Cristal”.
 (“No, eso que contáis es de cuando fuimos a La Edad de Oro”. “No habléis de otros programas, que luego nos liamos
 con las anécdotas”). El caso es que el programa había empezado con Manolo Guijarro de productor y luego se lo llevaron
 a otro programa y se fue con su equipo y dejó en La Bola a algún ayudante. Entonces desembarcamos nosotros, nos
 encontramos con Anís y le adoptamos. Años después,a Carlos le hicieron más jefe y Luis Anel se quedó como productor
              Carlos tenía organizado el equipo de producción con un ayudante responsable de cada sección, que funcionaban
 independientes: uno para el plató, otro para grabaciones en video, otro en cine... El programa empezó a grabarse en los
 Estudios Roma (actualmente Telecinco) y durante un parón del verano fuimos trasladados a un plató de Prado del Rey,
 ganando espacio en el despacho y perdiendo la independencia que nos daba el trabajar lejos de los jefes.

              Para Lolo no existía una línea divisoria entre su trabajo en La Bola y su vida personal. De hecho, su vida era La
 Bola. Allí trabajaban sus hijos y familiares, y los compañeros de trabajo se convertían en sus amigos. Gran parte del
 programa se grababa en su casa. Lolo vivía en un chalet estupendo. “Tenía, recuerda Luis, unos perros tobilleros que te
 quitaban media cuarta de paño de los pantalones en cuanto te descuidabas”. Un día llegaron Luis y Julián los primeros a
 la grabación y la casa estaba abierta y vacía. Entraron en la cocina y allí había una cacatúa en una percha que se precipitó
 sobre ellos y les picoteó la cabeza. “Menos mal que Julián me defendió”. Cuenta Begoña que un día sus hijos fueron allí
 para grabar con otros niños. “Al ver a la cacatúa me tiraron de la manga y me dijeron al oído: Mamá, el pájaro lleva el
 mismo peinado que esa señora”. Lolo llevaba entonces el pelo muy claro y peinado hacia arriba.

.
             Un día de grabación, Luis le dijo a Julián: “Acompáñame al baño” y él contestó: “No jodas, Luis”. “No, es que
 ninguno de los siete baños tiene pestillo y quiero que te quedes en la puerta y vigiles que no entre nadie”. Otro día que
 grabamos allí, la casa entera estaba ocupada por gente del equipo y todo manga por hombro; mientras, ella paseaba
 tranquila entre nosotros con sus modelos aristocráticos. Había un hombre nadando impecablemente a crawl en la piscina.
 Luis le preguntó a Lolo “¿Quién es?”. Ella contestó: “No le conozco”. El hombre se hizo varios largos más, cogió su toalla,
 dijo hasta luego, saltó la valla y desapareció.
             La casa de Lolo la visitábamos mucho porque tenía úlcera de duodeno y a menudo tenía que guardar cama; tomaba
 leche de almendras “que, por cierto, había que ir a comprar regularmente”, recuerda Luis. Las lecturas de guión se hacían
 con el equipo reunido en torno a la cama en la que ella estaba tumbada. Los guiones nos los mandaba Santi Alba desde
 Egipto por fax. A veces se retrasaban, llegaba la hora de la lectura y los guiones que no habían aparecido.
             A veces Lolo organizaba en su casa unas fiestas fantásticas llenas de famosos, a las que siempre nos invitaba. Era
 muy amiga de Rosa Chacel, que ya estaba muy mayor y solía usar silla de ruedas; en una ocasión fuimos a su casa a
 primera hora de la mañana para grabar una entrevista y al terminar propuso que bajásemos al bar de abajo a tomar algo.
 Todo el equipo fue pidiendo un cortado, una coca cola... cuando le llegó el turno a ella dijo: “Yo me tomaría una ginebra”.
 Todos cambiaron rápidamente sus comandas iniciales.
             En casa de Lolo se grabó también la serie del zodiaco con Alaska, que era muy aficionada a todo lo esotérico. “Era
 imperial. Siempre llegaba a su hora, con el guión aprendido. Era muy seria, no como Pedro y Pablo”, dice Julián.

             Lolo conoció a Pedro Reyes y a Pablo Carbonell cuando actuaban en un café teatro, por la zona de Noviciado. Lolo
 quiso contratarles para el programa y fuimos a verles. Se llamaban entonces Pedro y Pablo. Pablo tenía su centro de
 operaciones en un bar llamado El Ratón Vaquero; allí se le dejaban los recados y le recogía el coche de producción. Julián
 recuerda que un día María Jesús, que se ocupaba del vestuario, les llamó a él y a Luis para que le ayudaran a empujar,
 porque a Pablo no le cabían las partes pudendas en un traje de torero. “¡Es que tiene mucho – decía - no se lo puedo
 meter!”.
             Pedro solía llegar tarde. Un lunes tuvimos el plató parado desde las diez de la mañana porque no había aparecido y
 a las doce llamó por teléfono desde Lisboa para decir que se iba a retrasar. Discutía mucho con Lolo y con Mati, la
 realizadora, aunque luego ambas lloraron cuando se fue.
            También Gurruchaga llegaba tarde a las grabaciones porque siempre se dormía, así que acabamos grabando su
 parte en su casa, en la calle Libertad. Llegaba todo el equipo a su casa para grabar, se hartaban de llamar y no abría, así
 que se iban a desayunar. “Al tercer intento nos abría la puerta, legañoso, con el flequillo en horizontal y pasábamos todos
 Tenía en su casa un Pato Donald de trapo de proporciones cósmicas. Además, una cama en medio de una habitación con
 libros por el suelo, con una palangana colocada debajo de una gotera que parecía las cataratas del Iguazú”. Se le pagaba
 un alquiler y Luis, que llevaba la producción de esa sección, hacía cuentas con él. “¿Has quedado con un taxista o
 siempre paras al mismo?. Porque todas tus facturas son del mismo taxi?”.
           También Lolo iba en taxi a todas partes, pero una vez le dio por conducir. Luis recuerda que un día iba con ella en
 su coche por la M30. Llevaba las gafas rotas y sujetas con un celo, iba muy despacio y dijo: “Van todos mal”. “No, Lolo,
 vamos al revés de todos”, contestó Luis. Un día se organizó una grabación en otra casa que tenía en Piedralaves, y fue
 hasta allí conduciendo su coche, pero una vez en el pueblo no encontraba el camino. Así que paró y le preguntó a un
 guardia: -“¿Sabe usted quien soy?” -“Una escritora” contestó el guardia. -“Perfecto, dijo ella, ¿dónde está mi casa?”

           En La Bola de Cristal, todas las órdenes de Lolo iban seguidas permanentemente de una contraorden. Era una
 persona muy creativa, un verdadero hervidero de ideas; sin embargo, todas aquellas ideas tenían que plasmarse. Eduardo
 Caro, el coordinador del programa y mano derecha de Lolo, era la persona sensata que ponía orden en el proceso creativo,
 siempre con suavidad y mano izquierda.
          Uno de los personajes del programa era un pato de carne y hueso, alter ego de Lolo: el pato hablaba y sus palabras
 expresaban los pensamientos de ella. Llevábamos al pato a distintos lugares para entrevistar a personajes de actualidad
 y se cagaba en todas partes: en el despacho de Joaquín Leguina en el edificio de la Comunidad de Madrid, en la tienda
 del modisto Manuel Piña... Estábamos hartos de cargar con el pato. Un día Carlos, el productor, se fue de viaje a Cuba y
 trajo una botella de ron, que se consumió en el despacho a partir de las diez de la mañana esperando a Lolo que llegaba
 tarde a una reunión. Cuando llegó, el ambiente estaba digamos distendido y Eduardo Caro, con ojos vidriosos, le dijo
 seriamente: “Lolo, creo que habría que acabar con el patito”. Lolo se llevó un disgusto de muerte y se marchó del
 despacho.
          Hay que decir que, aunque Eduardo no bebía, el equipo de producción lo compensaba con creces. Y Miguel Ángel
 Pacheco tenía una petaca de cuero con canutos y se los fumaba debajo de la mesa durante las reuniones.

          Otro personaje fundamental para La Bola de Cristal era Paco Quintanar, el documentalista. Lolo volvió un día de una
 reunión con los jefes de TVE diciendo que nos habían alargado media hora el programa. Enseguida Paco se puso a
 trabajar y armó una sección nueva con imágenes de archivo. Las montaba y luego llamaba a Javier Gurruchaga: “Vente a
 comentarlas”. Gurruchaga venía y se ponía a grabar, pero Paco le interrumpía: “¿Pero qué dices? Di esto y lo otro”. Era el
 único al que hacía caso.
          Luis Pérezagua, que era la voz de uno de los muñecos, actuaba en el teatro al mismo tiempo y nos invitó a verle.
 Estábamos sentados viendo la función, en la que también actuaba Esperanza Roy, cuando Anís, auxiliar de producción,
 apareció por el pasillo del patio de butacas, con todo su sueldo convertido en flores; sabíamos que era él porque por
 debajo del enorme ramo aparecían sus vaqueros. Subió al escenario, paró la función y, mientras todo el teatro aplaudía,
 obsequió con una flor y dos besos a cada bailarina. Luego tuvimos que prestarle para el taxi y para comer el resto del mes

          Nosotros nunca habíamos ganado un duro fuera de TVE. A Lolo le debemos el haber empezado a hacer bolos: le
 encargaron organizar algunos actos para las Fiestas de la Comunidad de Madrid y ella contó con el equipo de producción
 de La Bola. Nos estrenamos con un Concierto en el Paseo de Camoens y para el día 2 de Mayo organizamos un desfile de
 carrozas. El día antes quedamos por la mañana en el Café Gijón para revisar los preparativos. Luis llegó el primero, miró
 por la ventana y pensó: “Qué pedo tengo ya a estas horas, juraría que las gradas miran hacia aquí”. Efectivamente, las
 habían montado todas mirando hacia el lateral, de espaldas al desfile. Llamó al montador por teléfono y éste quería matar
 al capataz. En cuanto a las carrozas, viendo los dibujos nadie se imaginaba que iban a resultar tan monstruosamente
 grandes: los bomberos tenían que ir por delante quitando las pancartas que había colgadas en el Paseo de las Delicias.
 En ese desfile participaban, por supuesto, los actores de La Bola. Gurruchaga iba en un Haiga descapotable que se quedó
 tirado, pero él no depuso ni un momento su saludo a lo Bond mientras lo arreglaban.
          Mientras tanto, y para que el trabajo en el programa no se parase, dejábamos a los auxiliares de producción en el
 despacho de TVE sin contarles nada de nuestras actividades. Pero ellos estaban mosqueados y decían:  “Yo creo que
 aquí hay algo, que faltáis todas las tardes”. Un día les dejamos sin dinero de producción y tuvieron que hacer unos
 pagos. Fernando tenía en el cajón de su mesa un bote de Ducados con dinero suelto para la máquina del café y le
 descerrajaron la mesa para sacarlo.

          -”Yo me lo pasé muy bien, pero jamás tuve la sensación de estar haciendo un programa de culto”. -“¿Os acordáis
 cuando metimos al ciego en un puticlub?”. -“No líes, que eso era en otro programa”. Hacía tiempo que no nos veíamos:
 Carlos, después de trabajar en varias televisiones privadas, ha vuelto a TVE. Fernando nunca se marchó y es productor.
 Luis trabaja en Antena 3 y también es productor. Julián está felizmente jubilado. Begoña dirige un programa en
 Globomedia. Anís vive en Galicia, alejado del mundo de la televisión. -¿Qué hace? -Recoge chapapote. Pero cobrando,
 ojo, que es coordinador.
          -“Vamos a hacernos una foto en ese fotomatón”. “¿Nadie tiene suelto?”. “¿Cómo este equipo pudo hacer aquel
 programa?”.  (Madrid, 2003) 

El equipo de producción de La bola de cristal
*Este texto es una transcripción hecha por Begoña Puig de una conversación, mantenida por los miembros del equipo de producción de "La bola de cristal un día del año 2003, que debía recogerse en el libro de 
Lolo Rico "El libro de la Bola de Cristal" y que finalmente no se publicó.

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